Minerales críticos · Argentina
Qué encontró el CONICET en las paleocostas bonaerenses, y por qué importa
Argentina lidera el mapa mundial del litio. Pero cuando se trata de tierras raras, el país no tiene casi ninguna información propia. Un equipo del CONICET decidió empezar a generarla, buscando en playas que dejaron de existir hace miles de años.
Mariano Dragani Parte 3 de la serie
El punto ciego de Argentina
Mientras Estados Unidos, Australia y Europa buscan nuevas fuentes de tierras raras para reducir su dependencia de China, en Argentina un grupo de investigadores empezó una búsqueda mucho más silenciosa: averiguar primero si esos recursos existen.
Hay una paradoja incómoda en el mapa de recursos naturales argentino. El país es uno de los actores centrales del litio mundial, parte del así llamado triángulo del litio junto a Chile y Bolivia. Tiene décadas de experiencia minera en cobre y, más recientemente, sumó al uranio como recurso estratégico.
Pero de tierras raras, prácticamente no sabe nada. No porque no puedan estar presentes en su territorio, sino porque nunca se generó la información geológica necesaria para saberlo con certeza. Es un vacío de datos, no un veredicto negativo.
Ese vacío es exactamente lo que el CONICET decidió empezar a llenar en 2026, con un proyecto que —a diferencia de lo que suele imaginarse cuando se habla de minería— no empieza con una perforadora. Empieza con una pregunta geológica: ¿dónde, hace miles de años, estuvo el mar?

Por qué el mar dejó pistas enterradas
Entre 8.000 y 100.000 años atrás, la línea de costa bonaerense no estaba donde está hoy. El nivel del mar subió y bajó varias veces a lo largo de esos milenios, y en cada uno de esos ciclos, las corrientes marinas hicieron un trabajo silencioso: arrastraron minerales pesados y los fueron concentrando en franjas específicas de esas playas antiguas.
Con el tiempo, el mar se retiró y esas playas quedaron enterradas bajo capas de sedimento. Hoy son invisibles a simple vista, pero conservan la huella química de ese proceso. Ahí es donde el equipo del CONICET decidió buscar.
La lógica es más parecida a la de un arqueólogo que a la de un minero: reconstruir, a partir de la geología del subsuelo, dónde exactamente pasaron esas antiguas líneas de costa, para saber dónde vale la pena perforar y tomar muestras.
Las costas y paleocostas de la provincia de Buenos Aires se extienden a lo largo de 800 kilómetros, desde San Clemente del Tuyú hasta la desembocadura del Río Negro. Los primeros trabajos de campo arrancaron en Carmen de Patagones.
Línea de tiempo
Del océano al laboratorio
Hace 100.000–8.000 años — cambios sucesivos del nivel del mar sobre la costa bonaerense.
Formación de paleocostas — cada oscilación del mar deja una nueva línea de costa antigua.
Concentración natural de minerales pesados — las corrientes marinas los acumulan en franjas específicas.
Enterramiento — el retiro del mar cubre esas playas bajo capas de sedimento.
Investigación del CONICET — reconstrucción geológica y trabajo de campo, hoy, en 2026.
Mapas públicos — los resultados se vuelcan en mapas interactivos de concentración por zona.
Eventual exploración privada — la etapa que, si llega, todavía está por delante.
Cómo se busca sin dañar la costa
Hay una decisión metodológica en este proyecto que merece destacarse, porque no es la que uno esperaría de un proyecto minero convencional: el equipo eligió explícitamente no trabajar sobre las playas actuales.
Los minerales pesados también pueden acumularse en las costas de hoy —de hecho, ahí es donde se ven a simple vista, en forma de arenas negras—. Esas arenas oscuras suelen concentrar minerales pesados como ilmenita, rutilo, circón o monacita, esta última una de las principales portadoras de tierras raras. Pero intervenir sobre una playa activa implica un riesgo ecológico directo sobre un ecosistema vivo. Por eso el foco del proyecto se puso en las paleocostas: ambientes asociados, cercanos, pero ya enterrados, donde el impacto de un estudio de campo es muchísimo menor.
Es una elección que dice algo sobre el tipo de proyecto que es este: no busca llegar rápido a una respuesta comercial. Busca construir el conocimiento de base con el menor costo ambiental posible, antes de que exista siquiera la posibilidad de una explotación.
Cómo funciona el relevamiento
De la playa antigua al mapa interactivo
- Reconstrucción geológicaSe identifican, a partir de la sedimentología, dónde estuvieron las antiguas líneas de costa entre hace 8.000 y 100.000 años.
- Indicador visualLas arenas negras en las playas actuales cercanas funcionan como primera pista de que puede haber minerales pesados en el área.
- Trabajo de campoExcavaciones puntuales sobre las paleocostas, con acceso a terrenos gestionado junto a la comunidad de Carmen de Patagones.
- Análisis de laboratorioLas muestras se estudian en el Centro de Investigaciones Geológicas (CIG) con análisis químicos, geoquímicos y mineralógicos.
- Mapas interactivosLos resultados alimentan mapas públicos con el nivel de concentración por zona, pensados como insumo para futura prospección y para el diseño de reglas ambientales.
Quién está detrás, y con qué financiamiento
El proyecto lo encabeza Ernesto Schwarz, director del Centro de Investigaciones Geológicas (CIG, dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata), junto al Grupo de Sedimentología para Exploración y Desarrollo que dirige dentro de ese centro. Schwarz es especialista en sedimentología costera y exploración de minerales pesados.
El financiamiento no viene del Estado nacional ni de una minera privada, sino del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), un instrumento provincial. Es un dato relevante: por ahora, este es un proyecto de ciencia pública provincial, sin participación de capital privado.
InstituciónCONICET · CIG (CONICET-UNLP)
FinanciamientoFITBA (provincia de Buenos Aires)
Extensión relevada800 km de costa y paleocosta
Primer sitio de campo Carmen de Patagones
Schwarz fue explícito sobre por qué arrancaron por Buenos Aires y no por otra provincia: es donde hoy existe el financiamiento disponible. Si la metodología funciona, la idea es que se pueda replicar en otras costas del país.
Lo que todavía no existe
Como ya señalamos en la primera nota de esta serie, hay que decirlo sin adornos, porque en minería la diferencia entre “hay indicios” y “hay un yacimiento” es la diferencia entre un paper académico y una empresa cotizando en bolsa.
- No hay tonelaje certificado en ningún punto del área relevada.
- No hay estudio de factibilidad económica.
- No hay una ley específica que regule la eventual explotación de tierras raras en la provincia.
- No hay ninguna empresa, argentina o extranjera, con derechos de exploración sobre estas paleocostas.
Lo que sí existe es algo menos vistoso pero, en la lógica de largo plazo que usamos en Somos Inversores, igual de valioso: el comienzo de una base de datos pública, generada antes de que cualquier interés comercial entre en escena. Eso cambia por completo quién tiene el poder de negociación cuando —eventualmente— la inversión privada llegue.
Por qué esto importa más allá de la geología
En la segunda nota de esta serie contamos cómo Estados Unidos, Australia, Ucrania y otros países se movieron durante el último año para reducir su dependencia de China en minerales críticos. Ese es el marco en el que hay que leer lo que está pasando en Carmen de Patagones.
No porque Argentina vaya a convertirse, de la noche a la mañana, en un proveedor relevante. Sino porque el mundo que necesita diversificar sus fuentes de tierras raras está, activamente, buscando nuevos socios —y llegar a esa conversación con datos geológicos propios, mapas ambientales y reglas claras es una posición completamente distinta a llegar sin nada de eso.
Hay, además, una dimensión de soberanía en juego: pensar en fuentes propias de los minerales que va a necesitar la próxima etapa de la transición energética no es solo una oportunidad comercial. Es también una forma de no depender por completo de decisiones que se toman en Pekín, en Washington o en Camberra.
Mirada estratégica
El litio argentino tardó más de una década en pasar de curiosidad geológica a uno de los ejes de la política de inversión extranjera del país. Nadie sabe todavía si las tierras raras van a seguir un camino parecido, más corto, o si simplemente no van a encontrarse en concentraciones que valga la pena explotar.
Lo que sí sabemos es que, por primera vez, Argentina eligió generar la información antes de que aparezca la pregunta de si vale la pena invertir.
Esa secuencia —mapas primero, inversión después— es, en sí misma, una decisión estratégica. En geología, el recurso más escaso no siempre es el mineral. Muchas veces es la información. Y ese es, precisamente, el activo que Argentina empezó a construir.
En la última nota de esta serie vamos a bajar todo esto a algo más concreto: cómo se invierte, hoy, en la megatendencia de los minerales críticos, y qué lugar podría llegar a ocupar Argentina en esa cadena.
Mariano Dragani
La serie completa
01. Tierras Raras: el próximo capítulo de la competencia mundial por los recursos críticos
02. China domina el mercado. ¿Puede Occidente romper esa dependencia?
03. Qué encontró el CONICET en las paleocostas bonaerenses, y por qué importa — Estás acá
04. Cómo invertir en la megatendencia de los minerales críticos
3 comentarios en "Tierras raras en Argentina: qué encontró el CONICET y por qué importa"